May 2026

Del Entremedio al Ser: Una Fe que Materna y Restaura la Dignidad

Por: Rev Lori Tapia


Como mujer latina criada en la frontera entre los Estados Unidos y México, aprendí desde muy temprano lo que significaba vivir en el “entremedio.” Entre culturas y lenguajes. Entre tensiones y expectativas. Entre identidades que el mundo intenta separar, etiquetar o jerarquizar. Y en medio de esa tensión, también aprendí lo que significaba cuestionar mi propio valor y, a veces, esconderme en esos espacios intermedios.

“Te alabo porque soy una creación admirable…” (Salmo 139:14).

Como muchas otras personas, he regresado a este versículo a lo largo de mi vida, no como una declaración que siempre creí, sino como una verdad en la que fui creciendo. Con el tiempo, dejó de ser un texto familiar y se convirtió en un espejo.

Un espejo que refleja a quienes me formaron: mujeres fuertes, resilientes y fieles que nutrieron vida mientras navegaban sistemas que no siempre las veían, honraban o protegían; mujeres que cargaron más de lo que expresaron. Hombres que me apoyaron cuando otros no lo hicieron. Y un espejo que refleja mi propio camino, aprendiendo a vivir con autenticidad en quien soy.

En algún punto del camino, entendí que, para amar plenamente a otros y liderar y pastorear como Dios me llamaba, tenía que aprender a amarme a mí misma. No la versión formada por expectativas, miedo o supervivencia, sino la versión auténtica que Dios creó con intención y deleite.

¿Fácil? Para nada.

Requirió desaprender los mensajes silenciosos que decían que tenía que ser más, hacer más, probar más para ser suficiente. Requirió sentarme con las partes de mi historia que aún dolían. Requirió confiar en que la voz de Dios sobre mí es más fuerte que cualquier voz que haya intentado definirme.

Y eso ha transformado la forma en que vivo, amo y lidero.

He llegado a entender que “maternar” no está limitado a lo biológico. Maternar es elegir nutrir vida: en las personas, en las comunidades, en uno mismo, en espacios donde la esperanza se siente frágil, celebrando cada paso en el camino.

Como pastora, mi llamado muchas veces adopta una postura maternal: proteger, abogar, crear espacios donde las personas puedan respirar, sanar, ser vistas, crecer y sentirse empoderadas.

Pastorear con un corazón materno significa pararse en las intersecciones de vulnerabilidad e injusticia y negarse a mirar hacia otro lado. Significa recordarles a otros, especialmente en momentos de miedo e inestabilidad, que no son invisibles para Dios, aun cuando el mundo los haga sentir así.

La vida y el ministerio me han enseñado que “maternar” es una expresión tangible del amor y la compasión de Dios. Jesús mismo utiliza imágenes maternales, deseando reunir a su pueblo como la gallina reúne a sus polluelos. Y a través del profeta Isaías (66:13), Dios declara: “Como una madre consuela a su hijo, así yo los consolaré.” Maternar es presencia; maternar es acción.

Pero este tipo de presencia requiere valentía. La valentía de permanecer cuando sería más fácil retirarse. La valentía de mantenerse firme en solidaridad aun cuando tenga un costo.

Y también la valentía de presentarse delante de Dios, como nos recuerda el Salmo 139, plenamente vistos y profundamente amados. Confiar en que quien eres—tu historia, tu cultura, tu voz—no es un accidente, sino algo sagrado.

Creo que la justicia comienza aquí.

Porque cuando comenzamos a vernos como Dios nos ve, ya no podemos aceptar sistemas que disminuyen la imagen de Dios en otros. Cuando abrazamos nuestro valor dado por Dios, somos impulsados a crear espacios donde otros puedan recuperar el suyo. Comenzamos a “maternar” comunidades hacia la plenitud, hablando dignidad, encarnando compasión y trabajando por el bienestar de todos.

Para mí, las relaciones importan, comenzando con la que tengo conmigo misma y con Dios, porque las demás relaciones parten desde allí. Ningún título, logro ni éxito supera esto. El evangelio es relacional… y las relaciones auténticas y saludables son el terreno donde crece la transformación.

Mi historia sigue desarrollándose. El pastoreo continúa desafiándome. Maternar me llama cada día a profundizar más. Saber quién soy y cómo funciono es un regalo para mi liderazgo y para todos a quienes sirvo. Veo esto como mi responsabilidad como seguidora de Jesús. ¡Y luego está la fe!

Así que me recuerdo cada día, y ahora te lo recuerdo a ti:

Dios no está esperando que te conviertas en alguien más.

Dios te está llamando a ser la mejor versión de ti que Él ya creó.

Sobre la Autora


Rev. Lori Tapia

La Rev. Lori Tapia es Pastora Nacional y presidenta de la Obra Hispana de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en los Estados Unidos y Canadá. Su elección como la primera mujer en ocupar este cargo marca un hito en la historia de la iglesia y simboliza un liderazgo que rompe barreras.

Con una voz auténtica y una autoría que toca el alma, Lori se distingue como una líder espiritual cuya pasión se centra en el empoderamiento a través de la fe y la identidad en Cristo, así como en un discipulado basado en relaciones genuinas que fortalecen la comunidad de creyentes.

Su trayectoria está enriquecida por experiencias en el desarrollo comunitario, el liderazgo administrativo y espiritual, siempre enfocada en expandir y fortalecer la iglesia y su liderazgo para el Reino.

Activista incansable por la justicia social, Lori Tapia se levanta como un puente intercultural y una fuerza de cambio, promoviendo un liderazgo conectado con los tiempos, profundamente relacional y arraigado en el Evangelio de Jesucristo.